LA ESKINA global N°165
LA ESKINA global ISSN 1900 – 4168
No.165, julio de 2026, laeskinavirtual@gmail.com; http//bloglaeskinavirtual.blogspot.com; WWW.ELLIBROTOTAL.COM; Bucaramanga; LA ESKINA:: Gloria Inés Ramírez M. (diagramación y diseño); Claudio Anaya Lizarazo (edición y dirección).
©Reserva de derechos de autor. Las opiniones expresadas en los artículos de esta edición son responsabilidad de sus autores.
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Por Claudio Anaya Lizarazo
La lectura del libro Color de hormiga, del
escritor de Manizales, pero nacionalizado en el Tolima, José Chalarca,
(Colcultura, 1973, Colección popular) llamó mi atención en la adolescencia
hacia los años setenta del siglo pasado, ya que, en esta deliciosa colección de
relatos cortos, su autor utilizó la “i” latina como conjunción, en reemplazo de
la “Y”. Esta experiencia fue para mí, reveladora, i me indicó tenuemente lo que
con el tiempo i con muchas más lecturas llegué a identificar: “Que las normas
gramaticales son órdenes razonables, más que recetas fijas; que las normas
gramaticales son convenciones lógicas del uso de una lengua”. Grandes autores
del mundo no sólo le han torcido el cuello a la gramática, al alejarse un tanto
de las normas de ortografía, sino que han experimentado desordenando la
sintaxis, han revaluado la semántica de términos i palabras, i se han acogido a
los avances de la ciencia, la tecnología, el arte i las humanidades, enriqueciéndola
para reformular sus maneras de narrar. Han podido forzar a la gramática, pero después
de conocerla. Como unos pocos ejemplos de lo anterior podemos mencionar: a José
Saramago con la puntuación un tanto caprichosa en algunas de sus novelas; a
Fernando Pessoa con el Libro del desasosiego; al García Lorca del Poeta
en Nueva York o al Cesar Vallejo de Poemas humanos; al Cortázar de Rayuela,
62 modelo para armar, o Los premios; al Miguel Ángel Asturias de Hombres
de maíz o de Leyendas de Guatemala.
Con más tiempo, más lecturas i más edad, pasó fugazmente por mis manos un ejemplar de la Gramática de la lengua castellana dedicada al uso de los americanos, del venezolano Andrés Bello, publicada en Chile en 1847, en la cual pude apreciar a grosso modo sus innovadoras propuestas, i con las cuales proponía una versión del idioma Castellano en modo hispanoamericano, partiendo de los cambios dialectales usados por nuestros pueblos, lo cual, además de coincidir con los postulados de Antonio de Nebrija, entabla variantes en las concepciones i usos de nuestra lengua, i proponiendo también a través de esto, una independencia cultural con respecto a la metrópoli, lo que en su fondo proponía una independencia política.
Entre abundantes recomendaciones para el uso conveniente
del Castellano en Hispanoamérica, de esta obra mencionada quiero citar dos
aportes que me parecen de importancia fundamental, i son: los tiempos de
conjugación de Andrés Bello, i el uso de la “i” latina como conector en la
oración. Dicen que estas propuestas i todas las del maestro Andrés Bello,
tardaron muchos años en ser aceptadas por la Real Academia de la Lengua
Española, pero en la actualidad pueden verse integradas sus tablas de
conjugación junto a las tablas de conjugación de los Tiempos de la Real
Academia de la Lengua Española, en variadas ediciones hechas por múltiples
casas editoriales, en cambio, en cuanto al uso de la “i” latina como conjunción
i otras normas, cayeron en el olvido, sólo son rescatadas ocasionalmente por la
labor de investigadores i curiosos del idioma.
En 1492, Antonio de Nebrija publica la primera Gramática
Castellana, en un intento de poner orden i sentido común en un idioma que,
en esos tiempos de decantación, cualquiera podía escribir de maneras un tanto
caprichosas; la lectura i la observación de múltiples documentos antiguos,
tanto ibéricos como americanos, demostrarán esta aseveración. Nebrija
da primordial importancia a la ortografía, muy en la línea de los tratadistas
clásicos. Su trabajo parte de, la correlación fonética entre el lenguaje
hablado y el lenguaje escrito, concepto acrisolado en la siguiente expresión: “assi tenemos de escrivir como pronunciamos i pronunciar como
escrivimos”. En
consecuencia, Nebrija redacta las reglas de la ortografía, tomando como punto
de partida la pronunciación.
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La “i” latina se usó de manera libre i lógica desde los
inicios del Castellano. El uso de la “i” latina como conector de la oración, ha
hecho carrera a lo largo de la historia, adoptada como rasgo distintivo por
ciertos grupos i comunidades, por ejemplo, se utilizó en los albores de nuestro
idioma, también durante el Siglo de oro español, los liberales radicales del
Siglo XIX i los de la Guerra de los mil días, la usaron casi como un distintivo
de secta; esta vocal ha sido usada con esta función, pero vuelve a decaer,
aunque este hecho de caer en desuso no menoscaba los escasos pero fundamentales
argumentos que proponen su uso, como es el sentido de la lógica subyacente en
lo gramatical, al fin i al cabo, como dijo el maestro mejicano Moreno de Alba:
“La gramática es el primer peldaño de la lógica, sin la cual no nos
entenderíamos”. Ahora, en esta época de Internet i redes sociales, hay algunos
grupos de escritores, pocos, es cierto, pero se dan, que reivindican la “i”
latina, no sólo limitándose a su uso conectivo, sino que reformulan toda
palabra en la cual la “y: ye” o “i griega” suene como “i latina”, pero eso es
asunto de ellos, que son más complicados que yo.
El profesor Luis Fernando García Núñez, quien fue
investigador por muchos años de Instituto Caro y Cuervo, i actualmente dirige
la publicación virtual NOTIDIOMA, dedicada a la difusión del conocimiento
normativo de nuestro idioma i de sus noticias importantes i de actualidad, es
hoy en día quizá la primera autoridad en nuestro departamento de Santander en
el idioma español; lo consulté sobre este tema del uso de la “i” latina i la
“y” griega; de entre sus respuestas, cito los siguientes apuntes:
“La “y” y la “i” fueron la misma letra en español hasta
1726, cuando fueron separadas en el Diccionario de autoridades. La principal razón por la
cual la “y” reemplaza a la “i”, es porque la i puede representarse por las
letras i (i latina) o y (i griega)”. (… ) La RAE propuso renombrar la “y
griega” como “ye” a partir de 2010 en su Ortografía de la lengua española.
(… ) Esa decisión de la RAE tiene que ver con que cada letra debe tener un solo
nombre: ye, uve, be, doble uve…”.
Hilando de manera más sencilla podemos afirmar que,
dentro del espíritu lógico del Castellano (hoy en día conocido universalmente
como idioma Español, gracias a la cuasi homogenización idiomática impuesta en
España por el general Francisco Franco, frisando mediados del Siglo XX), con
respecto a este espíritu lógico del Castellano, la “i” latina no desmerece nada
en comparación con sus hermanas las otras cuatro vocales, a las que no se les
cuestiona su uso como conectores en la oración. La “i” se ha usado como
conector anteriormente en diferentes épocas i se volverá a usar. La “i” latina
no reemplaza a la “y: ye”, porque no es su naturaleza, pero sí puede reemplazar
a la “y” cuando ésta suena como “i”; puede reemplazar a la letra que la
reemplazó a ella”; reclama el derecho de uso que le da su sonido, su fonema
constitutivo.
Como ya dijimos, en la actualidad la “y: ye” o “i griega” se utiliza en el Castellano, más precisamente en la franja de nuestra lengua escrita, con una doble función, pues a veces se utiliza como consonante “ye”, i a veces como vocal con sonido de “i”, por lo cual es bueno resaltar que, en cambio en los espacios de la oralidad, esa otra gran franja de nuestra lengua, la “ye” sólo funciona como “ye”, i no puede la “ye” en este caso de lo oral, usurpar las funciones de la “i” latina, tan latina como las demás vocales; en este momento recordemos el sabio consejo de Antonio de Nebrija, apuntado anteriormente.
Tengo el leve presentimiento de que este reemplazo de la
“i” latina como conjunción, se dio por una decisión extraidiomática, porque la
“i” latina al igual que las demás vocales, no carece de atributos para
desempeñar esta función en nuestro idioma. Este caso ilustra profusamente
cuando las normas empiezan a alejarse la lógica, por motivos quizá políticos,
generando en algunas personas un vacío, i en otras, una incertidumbre; como
decía mi papá cuando se le presentaba algún dilema: “Esperemos tantico a ver
qué pasa”.
Pasando a un plano más personal en este tema, quiero
comentar parte de mis experiencias con algunos colegas que han hecho
observaciones muy singulares a mi uso de la “i” latina: uno de ellos me dijo
que la “i” latina como conector era antiestético; otro me dijo que este uso de
la “i” latina como conjunción, se podría comparar con los saltos de la música
prensada en vinilo, o con la necesidad de llamar la atención i generar ruido o
escándalo; otros se han limitado a las murmuraciones a espaldas, o los cinismos
de salón. Sentencias que llegan así nada más, sin sustentación i se caen por su
propio peso. Cito estos casos como ejemplos de inercia intelectual, muestras de
ese rechazo atávico a todo lo que sea diferente, o miedo cerval a lo que se
cree o se ve como una amenaza a la pereza i a la resignación mental. Quienes
debaten esto, opinan por la costumbre impuesta i los atavismos, mas no con la
razón o con la lógica gramatical.
Edición y dirección: Claudio Anaya Lizarazo.
Diseño y diagramación: Gloria Inés Ramírez Montañez
Bucaramanga, Santander, Colombia.
LA ESKINA global, es un proyecto cultural de distribución gratuita.

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